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jueves, 20 de junio de 2013

Luces y sombras de una vida entre rejas

 Su ex mujer le acusó de doble homicidio
Jueves, 20 de Junio, 2013
Joaquín José Martínez cuando pasaba sus días en el corredor de la muerte.
Joaquín J. Martínez relata los abusos que sufrió en el corredor de la muerte
No puede ver la luz del sol. Encerrado en un cubículo más pequeño que un ascensor, reza por intentar no perder la cabeza, pero el aislamiento resulta asfixiante. Los 30 primeros días que Joaquín José Martínez pasó en el corredor de la muerte de Florida no tuvo contacto con nadie: "Sólo me dejaban salir durante siete minutos, dos veces a la semana para ir a las duchas", confiesa.
En 1997, a los 24 años, se convirtió en el preso '123496' por la acusación de un doble homicidio y de otros 21 cargos más. "Me pusieron con los más malos, con los peores, porque me acusaban de haber matado al hijo del Sheriff de Tampa (Florida) de nueve balazos y a su novia de 35 puñaladas en la cabeza y en la espada", cuenta horrorizado por la imagen de aquella joven.
Pero Martínez se confesaba inocente. Su ex mujer, con la que tuvo dos hijas, despechada y llena de ansia por conseguir la custodia de sus hijos, llamó a la policía para acusarle del delito. "Fue un crimen atroz. Había mucho pánico en la calle y estaban nerviosos por encontrar al asesino. No es la primera vez que mi ex mujer les llamaba", relata.
"Te obligaban a raparte la cabeza y la pierna, donde te colocan los electrodos para que la corriente pudiese recorrer todo el cuerpo"
Al poco, José Joaquín Martínez comenzó a sufrir los horrores del corredor. No sólo le atormentaba el pensamiento de saber qué cualquier día podía ser el último. El perenne recordatorio de los policías de que no era una persona sino un número, le taladraba el cerebro. Los abusos de los funcionarios eran constantes.
Las palizas y las bromas pesadas consumían poco a poco a los prisioneros. "A veces, en mitad de la noche, entraban en tu celda vestidos de blanco, que es la ropa que llevan cuando te van a ejecutar, y con una maquinilla de afeitar. Te obligaban a raparte la cabeza y la pierna, donde te colocan los electrodos para que la corriente de la silla eléctrica pudiese recorrer todo el cuerpo. Otras veces venían a medirte la cabeza para comprobar que te venía la bolsa que te ponen en la cabeza", narra.

"Se le escuchó sufrir"

A finales de los año 90 en algunos Estados de EEUU la corriente todavía no había sido sustituida por la inyección letal. Al poco de llegar Martínez, el país estaba inmerso en un debate sobre la humanidad de la silla en las ejecuciones. "Dos semanas antes, habían a ejecutado a un hombre y la sobrecarga del cuerpo fue tan fuerte que le abrasó la cabeza y la parte superior del cuerpo. Pero lo peor de todo es que se le escuchó gritar, sufrir", recuerda. No obstante, la Corte Suprema deliberó al poco tiempo que la práctica era lícita.
Por suerte Martínez no estaba solo. La campaña que llevó a cabo su padre por todo el mundo hizo que se involucrasen personalidades de la talla de el rey Juan Carlos I, el Papa Juan Pablo II, así como muchos gobiernos de países europeos.
Después de tres años viendo a sus compañeros, unos culpables y otros inocentes,–algunos consiguieron escapar de aquel horror... y otros declarados inocentes cuando ya nada de podía hacer.
Martínez consiguió un segundo juicio en 2001. "Todas las pruebas y las declaraciones del primer proceso perdieron valor y se determinó que se me absolviese de los cargos". Martínez se convirtió en el primer europeo y español que saldría del corredor de la muerte.

Los cargos le perseguirán siempre

"Cuando paséis -a EEUU- las guerras y los genocidios que ha sufrido Europa podréis hablar de lo que es justicia y de lo que no"
Ahora vive en España. Ha vuelto a formar una familia, aunque sus dos hijas siguen viviendo en Norteamérica. "Soy el único extranjero que ha sido condenado a muerte al que se le permite residir en el país", explica. Aunque los trámites para poder estar junto a sus hijas han sido duros. "Eso de que todo se borra es mentira. Los 22 cargos que me inculparon siguen ahí. Hasta para poder pedir el carné de conducir me dijeron que trajese la autorización del fiscal que me condenó".
Cuenta que EEUU nunca le pidió perdón públicamente, pero que sí lo hizo a su manera. "Recuerdo que cuando el fiscal me vio aparecer para pedirle su firma se sorprendió mucho de que estuviese allí, pero me dijo que acudiese a él siempre que necesitase algo. Permitirme estar en el país es su forma de disculparse", comenta.
La nueva lucha de Martínez es acabar con la pena de muerte, buscar condenas alternativas, aunque tampoco cree en la cadena perpetua. "Pasas el resto de tu vida en una cárcel. No veo justicia. Por ejemplo: Dos personas han cometido el mismo delito. Una tiene 17 años y la otra 60. El tiempo no es el mismo en los dos casos", argumenta.
Y es que asegura que el concepto de justicia en el país de las oportunidades es muy diferente al de Europa. "Allí piensan que nos quedamos cortos, pero yo les digo: en lo relacionado a derechos humanos, cuando paséis las guerras y los genocidios que ha sufrido Europa podréis hablar de lo que es justicia y de lo que no. Yo no me merecía cinco años de mi vida apartado, eso no es justicia», explica.
http://www.elmundo.es/america/2013/05/09/estados_unidos/1368109970.html

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